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domingo, 12 de julio de 2015

Distancias – Parte I

Converger con tu filoso silencio ha quebrado mi teclado.
Es preciso limpiar mi modesto karma con estos ensayos.
A decir verdad, nuestra distancia e indiferencia se asemejan.
Son almas gemelas tiranas e incompatibles que se apartan.

Qué calma se siente en esta mezcla de lejanía y soledad.
Podría odiar brevemente los que fueron besos en mi vida.
Esos que, en el momento exacto, debieron ser eternos.
Torpe insensatez que rompes con mi ocaso sentimental.

Sí. Amé tu imperfección y celeridad en mis recovecos oníricos.
Tu necedad se fusionó con mis ganas de alimentarte de letras.
Letras que se alejaron de la simplicidad de la noche. Desafiantes.
Tus aires guerrilleros y caudillos me inspiran añorarte en rimas.

Separados aún más. Cómo predestinados a no ser. (Cortázar)
Nostalgia impura en mi aislamiento, te extraño brutalmente.
El llanto, mi silencio, el tuyo. Todos principios básicos de paz.
Qué son los mares sin orillas que se separan, sino eternidad pura.

De regresar a nuestro inédito invierno, recordaría que tienes voz.
La remembranza de tus detalles intangibles me atrae de nuevo.
Esperanza es su nombre. Sí existe, me llevará a ti con el tiempo.
Un idioma plausible que compartimos, es ahora solo distancia.

viernes, 18 de octubre de 2013

Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar. 
Rayuela.