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domingo, 14 de septiembre de 2014

Hola y chau soledad.

¿Qué haces soledad ahí escondida?
Sé que te he pensado y extrañado,
soy consciente,
ahora te asomas cautelosa
con esa sonrisa que marca margaritas en tu rostro.

Bendita soledad,
eres tan hermosa que no te puedo amar
¿Qué hago trayéndote a mi mente?
juego a las escondidas contigo,
aunque te añore a mordidas terminas sobre mí.

Las bases fundamentales del amor te olvidan,
el romanticismo es efímero y sarcástico
asimétrico al tacto,
como el recuerdo de nuestro silencio,
nuestro único idioma.

Las historias son cortas entre nosotros,
todas terminan siendo desgarradoras,
siempre me invaden tus lágrimas,
me arranco los recuerdos,
muero por tus ojos de cielo.

Ahora me dejas con tu mirada en el alma,
con tu inocencia fusionada a mi pecho,
con tu aroma a estrellas,
te llevas mi mejor alegría,
me dejas… nada.

Hola y chau soledad.


domingo, 3 de noviembre de 2013

Selva

En qué momento
se quedaron las palabras
pegadas al cielo
donde se mezclaron
con montañas
de nubes ascendentes.
Los coloridos melodramas
se combinaron al crepúsculo,
al suelo rojizo,
que terminó por derrochar
las lágrimas que perdiste
del alma.

La extraña sensación,
la falacia
de no volver a ver
tus labios,
ni tus dientes separados
con la noche que se camufla
de una soledad extrañada,
a veces
de un cálido viento,
y casi nunca
de insectos absortos
de tu luz,
de los restos de tu memoria,
en mi memoria,
lejana a mi caudal,
me llevo la acuarela
de tu sollozo.

Me hago pequeño
los días que te viví,
así como en la última noche,
en el beso pendiente
que te di,
en el puente
entre tu agonía
y mi confusión.

Tengo tus verdes,
en las pupilas,
en mis letras,
quiero tu mal comportamiento,
tu locura,
desfachatez,
incoherencia,
tu sensualidad,
para respirarla
hondo,
contagiarme de ti,
llevarte en mis fotos,
para tenerte aún.

No te olvido,
estás latente,
viva,
sonriente,
me esquivas,
a veces te sueño,
en pasado
o en presente,
y te guardo,
como pecado mental,
con las ganas
de tu aroma
a selva.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Indómito

Como los segundos sin reloj,
libre y eterno como la persistencia del tiempo,
así me siento hoy.

Me hallo en la esencia de la memoria de almas transeúntes,
a veces olvidas y vacías,
pero independientes,
porque yo nací independiente,
crecí emancipado y moriré inmortalizado,
en tus libros y muros donde los pensamientos me liberan,
aún más.

Diría que soy libre como ave,
pero éstas pueden ser cautivas,
capturadas, enjauladas;
prefiero decir que soy como el mar,
inmenso, infinito a la vista, indómito.
Quizás como el viento, a veces,
invencible, omnipresente.

Me siento libre como los pensamientos de escritores,
libre en sus poemas,
libre de inspirarse en cientos de musas,
sin ataduras ni límites.
Eterno en los recuerdos de la literatura,
olvidados por los ignorantes.

Libre es lo opuesto a estar sólo dos veces,
la soledad extrañada está derretida,
como esperando el invierno,
en millones de gotas de lluvia sobre los adoquines,
en la vetusta tinta de mis versos,
a menudo con dolor y
muy poco con amor.

Contagiado con impaciencia,
impaciencia por elevarme como vapor de mate,
libre, una vez más,
hacia tu mente,
hacia el tuétano de tu recuerdo,
a la penumbra de tus ojos pardos,
con la paz del cálido octubre sin ti.

Así me siento hoy,
no es efímero como los labios que no toco,
es un vaticinio que no te contaré,
que moriré en la memoria,
que reencarnaré en el mar,
siempre libre e inmortal,
indómito y en paz.

viernes, 28 de septiembre de 2012

21 días

En veintiún días,
los colores se me han esfumado;
las sensaciones de la vida han pasado a ser rémoras;
las pelusas del aire han caído a las brasas;
los horarios canallas han participado del olvido.

En veintiún días,
los sacos llenos de mariposas han volado;
la lluvia ha vuelto a las plazas y moja hasta las lágrimas;
el nunca jamás se convirtió en posiblemente mañana;
tu aliento le dio al tiempo los minutos que no me has dado.

En veintiún días,
he tallado en maderos el fuego de la distancia;
las gaviotas se apoderaron de lo que nunca hemos notado;
la escarcha de los besos me han cortado hasta sangrar:
el desasosiego de ser noche me ha llevado hasta el filo.

En veintiún días,
la canela perdió el aroma del dulce calor;
he comprado todas las sonrisas del bosque para creer;
los senderos de la realidad parecieron desaparecer;
el amor que quedaba se empezó a disolver.

En veintiún días,
he dejado de fumar.

jueves, 6 de septiembre de 2012

El gato y la luna, fábula de transeúntes

Cuando te conocí eras creciente,
con la sonrisa volteada,
en el momento en que la lobreguez invade la tarde,
al anochecer, en un latido constante.

A las pruebas me remito,
y es que los astros no mienten,
con la mente a tu lado,
atónito por las casualidades.

Durante la cálida primavera,
cuando los duraznos se aterciopelan
y los cerezos se encarnan,
tu calor no tiene bandera.

Encima del tejado rojizo,
rendido ante el horizonte curveado,
me descubro en tu circunferencia,
y tu momento ha llegado.

Los gatos somos sobrios,
de un lado a otro lado,
mezclado, encandilado por la luz,
uno a uno, apartados y ebrios.

Obnubilado y paciente,
te escribo a pedazos,
y te evoco inescrutable,
luna llena pensante.

Me ganas las intenciones,
me dejas a oscuras,
te haces menguante,
respiro de tus canciones.

Es momento de partir,
la negrura de tu manto ha vuelto,
no te echo de menos si te vas,
pero temo a dónde has de ir.

lunes, 27 de agosto de 2012

Mayo trato

No es que te odie por ser mayo,
en realidad no te odio, 
tan sólo amo decir que lo hago.

Suelo olvidar por qué amo y odio, 
pienso que es la naturaleza de todos.
Cuando mayo llora, un ángel explota, 
una mujer se hace madre y otro cielo muere.

Olvido los meses porque destruiste diciembre, 
amaste dos años y recuerdas los anticuarios.
Perdonaste los desprecios, los que una vez negaste.
A veces bajo, a veces mayo, en todo caso, nunca lo hago.

Te siento ingrato, muerto y estropeado. 
Mayo te vas y no te miento, te veré al otro año.



Mayo, 2012.