miércoles, 26 de febrero de 2014

Siempre

Siempre es…
… la sensación que no se van de mis labios, que permanecen a pesar de que duermo, que aparecen entre mi sueño nostálgico caminando en nuestro parque, y que despierta en mi cama revuelta.
… el momento en que tomé por segunda vez tu delicada mano de brisa; timorato y soñador, joven e iluso y no solté hasta que perdí la razón.
… nuestro último abrazo de despedida que me dejó sabor agrío en el que juramos no volver a hablar del tema y arrancamos el corazón al suelo.
… tu risa imparable, mientras destruimos la melancolía a cosquillas en la arena, una guerra entre tu sonrisa y mis dudas.
… tu recuerdo que no sé dónde poner, que me hace humo y que me engancha en la pintura de tus ojos y tu carne morena.
… extrañarte hasta dentro de tu piel, descubrirme en tus lágrimas, encerrarme en tu odio y flotar en tu ombligo.
… tu mente como droga que alivia mi trastorno de ira, que me rolea, que me inhala y embrutece mi taquicardia.
Siempre es la primera y última noche, en que te esperaba regresar hasta que te hiciste recuerdo.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Selva

En qué momento
se quedaron las palabras
pegadas al cielo
donde se mezclaron
con montañas
de nubes ascendentes.
Los coloridos melodramas
se combinaron al crepúsculo,
al suelo rojizo,
que terminó por derrochar
las lágrimas que perdiste
del alma.

La extraña sensación,
la falacia
de no volver a ver
tus labios,
ni tus dientes separados
con la noche que se camufla
de una soledad extrañada,
a veces
de un cálido viento,
y casi nunca
de insectos absortos
de tu luz,
de los restos de tu memoria,
en mi memoria,
lejana a mi caudal,
me llevo la acuarela
de tu sollozo.

Me hago pequeño
los días que te viví,
así como en la última noche,
en el beso pendiente
que te di,
en el puente
entre tu agonía
y mi confusión.

Tengo tus verdes,
en las pupilas,
en mis letras,
quiero tu mal comportamiento,
tu locura,
desfachatez,
incoherencia,
tu sensualidad,
para respirarla
hondo,
contagiarme de ti,
llevarte en mis fotos,
para tenerte aún.

No te olvido,
estás latente,
viva,
sonriente,
me esquivas,
a veces te sueño,
en pasado
o en presente,
y te guardo,
como pecado mental,
con las ganas
de tu aroma
a selva.

viernes, 18 de octubre de 2013

Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar. 
Rayuela.

miércoles, 31 de julio de 2013

Te extraño

Te extraño
simplemente por aquello que no somos,
porque ni conmigo ni sin mi
te tengo
porque sos libre
te quiero.
Asi habitas el deseo
donde tejo la ilusion
de que no te vayas
de que te quedes un tiempo.
De que solo estamos hechos
de efimeros momentos
compartidos retasos
que solo sostengo
solo para verte de nuevo.
Porque ni conmigo ni sin mi
te tengo
porque sos libre
te quiero.
Encontrando motivos
para que sigas tu viaje
sostengo solo momentos
para verte de nuevo.

Mario Benedetti.

Espero curarme de tí

Espero curarme de ti en unos días.

Debo dejar de fumarte,
de beberte,
de pensarte.
Es posible.

Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo,
abstinencia,
soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho,
ni es poco,
es bastante.

En una semana se puede reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra
y se les puede prender fuego.

Te voy a calentar
con esa hoguera del amor quemado.
Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor
están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también
ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama.

Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo:
“que calor hace”,
“dame agua”,
“¿sabes manejar?”,
“se te hizo de noche...”

Entre las gentes,
a un lado de tus gentes y las mías,
te he dicho “ya es tarde”,
y tú sabías que decía
“te quiero”.

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo.
Para dártelo.
Para que hagas con él lo que tú quieras:
guardarlo,
acariciarlo,
tirarlo a la basura.
No sirve, es cierto.

Sólo quiero una semana para entender las cosas.
Porque esto es muy parecido
a estar saliendo de un manicomio
para entrar a un panteón.



Jaime Sabines.