jueves, 28 de febrero de 2013

Causas marchitas

Quiero que las causas marchitas que se desprenden de tus manos, rocíen mis angustias que fueron provocadas por las infamias del tiempo.
A las luces del temor me he levantado, para acariciar tus lágrimas y hacerlas hojas de otoño crujientes sobre la acera.
Me encuentro incógnito al no saber de tu partida, ni tu destino. Imagino que navegas entre los soles del febrero que hoy muere.
Sucumbiré a los acordes de la guitarra que duerme entre mis brazos, que fueron tuyos. Has dejado un cielo por las notas que se entonaron.
Así te dejo malvado sentimiento, para que las palabras de alguien más te encuentren y te olviden cuando corresponda.
Adiós, adiós, desde el fondo de la calle donde ya no huele a luz de día. El pernocte llega y tu olvido me ciega de todos modos.


jueves, 14 de febrero de 2013

Media naranja

No quiero que seas mi media naranja, quiero que seas del mismo árbol que yo. Quiero que nos alimente la misma raíz, que el mismo viento nos menee y que las mismas aves picoteen y defequen en nuestras ramas.

Al ser del mismo árbol, tu sangre será mía y mi zumo será mío también. A cambio, te doy mi sombra que ya es tuya, y el dulce de mi carne será gracias a ti.

Ya maduro es tiempo de caer, fuiste el mejor presente de mis planes futuros y ahora voy a caer. Sigue, naranja, en nuestro árbol y luego... déjate comer.

Fotografía tomada del internet.

martes, 15 de enero de 2013

Carta de la arena, para el mar.


Cómo es que hemos estado siempre tan cercanos,
hechos del mismo polvo,
de las mismas pisadas,
del mismo atardecer que nos dio luz.

Te tuve tan cerca siempre, a sólo un respiro,
te pensé en azul,
te soñé día a día, perdurable en mi pernocte,
aguardé tu toque mágico sobre mí.

El silencio nos encuentra en el bullicio,
el viento te mece hacia mis límites,
las nubes se regocijan al vernos adyacentes,
al fin te tengo, al fin me tienes.

Coincidimos en esta playa para ver a los transeúntes,
para amar los inviernos y esperar los veranos,
para sentir el vuelo de las gaviotas,
para unirnos en cada vaivén de tus aguas.

Nunca tendré a alguien como tú,
con tu locura de luna,
con tus deseos imparables de rebeldía,
con tu forma de empapar mis orillas con tus besos de sal.

Te besaré perdidamente en cada ola,
por mis huellas pasará tu fresca brisa,
estaré a tu lado desde el norte hasta el lejano sol,
nacimos el mismo día, lo sé.

Te escribo al crespúsculo,
te extrañaré como lo hacen los hombres,
te rozaré con las estrellas,
y te tendré a mi lado, por siempre.