domingo, 11 de enero de 2015

La Indagación del beso

A este ritmo que marca la lluvia
me apetece buscar tus labios
carnívoros, rosas, delgados
para saberte a delirios
para inmortalizarte en tinta
para sudar bajo la esperanza de verte.

Encuentro tus ojos
y en ellos hayo la tiranía de la soledad
tus pupilas son un mantra
y ese color a infinito que mi mente atrapa
destruye mi inconsciente
perfora mi respiración, azuza mi ser.

Sigo mi búsqueda
entre los libros empolvados de Ruíz
cerca de los lunares que dejó tu cuerpo
en los lugares donde fuimos arte,
en las estaciones de trenes de invierno
en las caminatas que no anduvieron.

La lluvia se aleja y la mañana llega
intento de nuevo en tus labios
azoto mis pensamientos a tu lado
destello los principios de mi sobriedad
la cárcel del tiempo dice aquí,
la indagación se detiene en tu beso…

…y despierto.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Hola y chau soledad.

¿Qué haces soledad ahí escondida?
Sé que te he pensado y extrañado,
soy consciente,
ahora te asomas cautelosa
con esa sonrisa que marca margaritas en tu rostro.

Bendita soledad,
eres tan hermosa que no te puedo amar
¿Qué hago trayéndote a mi mente?
juego a las escondidas contigo,
aunque te añore a mordidas terminas sobre mí.

Las bases fundamentales del amor te olvidan,
el romanticismo es efímero y sarcástico
asimétrico al tacto,
como el recuerdo de nuestro silencio,
nuestro único idioma.

Las historias son cortas entre nosotros,
todas terminan siendo desgarradoras,
siempre me invaden tus lágrimas,
me arranco los recuerdos,
muero por tus ojos de cielo.

Ahora me dejas con tu mirada en el alma,
con tu inocencia fusionada a mi pecho,
con tu aroma a estrellas,
te llevas mi mejor alegría,
me dejas… nada.

Hola y chau soledad.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Siempre

Siempre es…
… la sensación que no se van de mis labios, que permanecen a pesar de que duermo, que aparecen entre mi sueño nostálgico caminando en nuestro parque, y que despierta en mi cama revuelta.
… el momento en que tomé por segunda vez tu delicada mano de brisa; timorato y soñador, joven e iluso y no solté hasta que perdí la razón.
… nuestro último abrazo de despedida que me dejó sabor agrío en el que juramos no volver a hablar del tema y arrancamos el corazón al suelo.
… tu risa imparable, mientras destruimos la melancolía a cosquillas en la arena, una guerra entre tu sonrisa y mis dudas.
… tu recuerdo que no sé dónde poner, que me hace humo y que me engancha en la pintura de tus ojos y tu carne morena.
… extrañarte hasta dentro de tu piel, descubrirme en tus lágrimas, encerrarme en tu odio y flotar en tu ombligo.
… tu mente como droga que alivia mi trastorno de ira, que me rolea, que me inhala y embrutece mi taquicardia.
Siempre es la primera y última noche, en que te esperaba regresar hasta que te hiciste recuerdo.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Selva

En qué momento
se quedaron las palabras
pegadas al cielo
donde se mezclaron
con montañas
de nubes ascendentes.
Los coloridos melodramas
se combinaron al crepúsculo,
al suelo rojizo,
que terminó por derrochar
las lágrimas que perdiste
del alma.

La extraña sensación,
la falacia
de no volver a ver
tus labios,
ni tus dientes separados
con la noche que se camufla
de una soledad extrañada,
a veces
de un cálido viento,
y casi nunca
de insectos absortos
de tu luz,
de los restos de tu memoria,
en mi memoria,
lejana a mi caudal,
me llevo la acuarela
de tu sollozo.

Me hago pequeño
los días que te viví,
así como en la última noche,
en el beso pendiente
que te di,
en el puente
entre tu agonía
y mi confusión.

Tengo tus verdes,
en las pupilas,
en mis letras,
quiero tu mal comportamiento,
tu locura,
desfachatez,
incoherencia,
tu sensualidad,
para respirarla
hondo,
contagiarme de ti,
llevarte en mis fotos,
para tenerte aún.

No te olvido,
estás latente,
viva,
sonriente,
me esquivas,
a veces te sueño,
en pasado
o en presente,
y te guardo,
como pecado mental,
con las ganas
de tu aroma
a selva.

viernes, 18 de octubre de 2013

Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar. 
Rayuela.